Por Lisandro Silva Mariños[1]

El FAS se caracterizó por ser una experiencia política-organizativa de gran importancia durante los años ´73 y ´74. Impulsada por el Partido Revolucionario de Trabajadores (PRT), se constituyó a los fines de orientarse como un ejército político de masas, y pasó a la historia por ser una herramienta organizativa que agrupó a diferentes tendencias de la izquierda marxista ampliada (guevaristas, trotskistas, consejistas y libertarios) y el peronismo revolucionario, estableciendo un programa político, un estatuto, regionales provinciales, lo cual la llevó a construir congresos masivos que se proyectaron como alternativa de masas de cara al tercer gobierno de Perón. Repasamos en este artículo su emergencia, desarrollo, potencialidades, limitaciones, debates internos y balances a concluir para la etapa actual.

La emergencia del FAS

Si bien el FAS nace oficialmente en su IV congreso llevado a cabo el 18 de agosto del ´73 en Tucumán, es necesario ahondar en los antecedentes del frente para comprender cuál es el vínculo entre éste y la política del PRT ante al Gran Acuerdo Nacional[2].  El comité central del PRT en marzo del ´71, definía que frente al GAN era necesario aprovechar audazmente al máximo toda posibilidad legal y semilegal para desarrollar la organización, extendiendo su influencia hacia las más amplias masas. Dicha definición no tomaría forma concreta hasta julio del ´72, cuando superada la desviación militarista (que daba mayor centralidad a las acciones armadas, antes que a la participación en las luchas legales a través de los comités de base) se define conformar “un amplio movimiento democrático y antiimperialista dirigido por la clase obrera”[3]. Esta definición es el germen del FAS. Su primera expresión organizativa fue la Asamblea de Fuerzas Populares, realizada el 2/12/72 en Córdoba, que reunió a más de 200 delegados obreros y populares en pos de construir un Frente Antiimperialista. Dicha asamblea fue presidida por Silvio Frondizi y estaba compuesta fundamentalmente por agrupaciones legales vinculadas al PRT y el Bloque de Agrupaciones Peronistas de apoyo a la CGT de los Argentinos, dirigido por referentes del peronismo revolucionario y del sindicalismo de liberación. La siguiente instancia orgánica del frente es la II Asamblea de Fuerzas Populares realizada el 21/01/73 en el Sindicato de Trasportistas de Paraná-Entre Ríos. En dicha asamblea, se denuncia la farsa electoral como un proceso viciado y tramposo, pero no se llama al boicot electoral ni a votar por ningún candidato en particular; se llama a construir un frente integrado por sindicatos clasistas y combativos, centros vecinales y culturales, movimientos democráticos, centros deportivos, corrientes religiosas y progresistas, organizaciones campesinas, pequeños propietarios, el movimiento estudiantil, la intelectualidad progresista y los sectores profesionales, etc. A su vez se resuelve que “lo fundamental en este frente es la dirección obrera que reivindique la lucha antidictatorial, antipatronal, y antiburocrática”[4]. La tercera instancia orgánica del frente es una nueva asamblea en el mes de junio del ´73, realizada en Córdoba, de la cual no existe registro más que la mención de la misma por parte de Daniel De Santis (2015), que asegura que asistieron 400 personas ligadas a los frentes legales del PRT junto a distintos adeptos, con el objetivo de ampliar la política de alianzas[5].

En síntesis, el recorrido transitado hasta arribar al IV° congreso del FAS nos muestra que el desarrollo el mismo no es uniforme y lineal. Es decir, que el FAS no tuvo en tanto tal tres congresos iniciales, sino que (la experiencia de dicho frente tal como lo conocemos hoy) es producto de la realización de tres ensayos organizativos previos que decantarán en un encuentro más amplio y nutrido en agosto de 1973. Estos ensayos, su dinámica, composición y definiciones, no pueden pensarse por fuera de la situación del PRT durante el periodo 1971-1972. Por aquellos años, el partido no aplicó con la fuerza necesaria la táctica votada frente al GAN, y subordinó los comités de base a los comités militares. Sin embargo, cabe aclarar que la superación de la desviación militarista no llevó a una desviación liquidacionista del partido y de su aparato clandestino. Por el contrario, la iniciativa del FAS era parte de un plan estratégico y multidimensional de toma del poder, al que aportaba específicamente la fuerza de amplias masas identificadas con la lucha por la liberación nacional y social. En ese sentido y con el norte claro, se fue configurando un frente a contrarreloj de la coyuntura política, construyendo en menos de seis meses, tres instancias orgánicas que serían la antesala del FAS.

 

El FAS como alternativa política de masas

Los tres congresos del FAS (18/08/73 en Tucumán, 23/11/73 en Chaco, y el 16/06/74 en Rosario) fueron en sí mismos hechos políticos. Cada uno de ellos tuvo un objetivo concreto y se sucedieron dando significativos saltos cualitativos y cuantitativos tanto a la interna como hacia afuera del frente. El IV° congreso reúne más de 5.000 personas en Tucumán con el objetivo político de lanzar la candidatura de Tosco y Jaime para las elecciones de septiembre del ´73, el punto era alzar candidatos obreros con programa antiimperialista y antipatronal, pero trascendió ese objetivo. Este acto- más que un congreso- realizado en el norte argentino, era la primera demostración del reagrupamiento de distintas fuerzas, un polo de izquierda clasista y por el socialismo, que no claudicaba ante la expectativa electoral que generó el retorno de Perón, y se enfrentaba abiertamente a la política del Pacto Social y la Ley de Asociaciones Profesionales. El siguiente congreso, realizado en Chaco, reunió a más de 12.000 militantes y activistas de diferentes puntos del país, y ya con Perón en la presidencia, buscó intervenir en la crisis interna del peronismo, acercando a mayores sectores de su ala izquierda y ampliando la composición con otros sectores sociales (curas tercer mundo y pueblos originarios). En Chaco se aprobó un programa propio del FAS. El VI°- y último- congreso reúne a más de 25.000 personas en Rosario. La denuncia de la escalada represiva y la creciente acción de grupos fascistas y parapoliciales fueron el eje del congreso. De allí se impulsaría la más amplia unidad que luego se reflejaría en el intento de construir un Frente Antiimperialista, Patriótico y Democrático, para frenar la ofensiva derechista.

Además de los congresos, el FAS constituyó al menos 6 regionales (Tucumán, Mendoza, Córdoba, Santiago del Estero, Santa Fe y Buenos Aires). Siguiendo el estatuto del frente, la conformación de una regional expresaba que en esa ubicación geográfica se nucleaban entre 15 y 30 organismos de base adheridos al FAS. Todas las regionales llevaban adelante un conjunto de acciones comunes tales como la difusión del programa del frente, la convocatoria y la organización de los viajes para los congresos, y la realización de actos sobre efemérides acordadas (como por ejemplo el aniversario de la caída en combate del Che, o de la Masacre de Trelew). Ahora bien, más allá de esto, cada regional intentaba desarrollar acción política desde el FAS en la región donde estaba. Muestra de ello fue el apoyo a la toma Villa Gas del Estado y la campaña en apoyo a los militantes del Peronismo Revolucionario perseguidos políticamente en Santiago del Estero, o la participación activa en la lucha de los trabajadores de Insud, en Buenos Aires, así como la coordinación de la regional Tucumán en la lucha de los trabajadores de la FOTIA durante el ´74. Además de esto, algunos frentes de intervención lograron ser desarrollados en tanto FAS, como referencia política de los organismos de base existentes y de activistas no orgánicos a espacios de base. En ese sentido, fue el ámbito estudiantil el que logró mayor dinamismo, expresado en la conformación del Frente Antiimperialista de Estudiantes Secundarios en Mendoza, o en la Coordinadora Interfacultades del FAS en la Universidad de Bueno Aires. En Tucumán también se conformó el FAS sección estudiantil que ganó las elecciones para los centros de estudiantes de la Facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán. A su vez logró la primera minoría en la Facultades de Ciencias Económicas y Ciencias Médicas de esa misma casa de estudios. Por otra parte, en Córdoba se conformó la coordinadora interbarrial del FAS donde se nucleaban trabajos territoriales del PRT y otras organizaciones de la provincia. Estas intervenciones concretas dan cuenta de que además de la aparición pública en los masivos congresos, la idea de un desarrollo real por la base era un eje ordenador para las regionales del frente.

Por último, cabe resaltar, que a partir de su estructura organizativa se articularon e impulsaron otras iniciativas legales como el Diario el Mundo, la Revista Posición, Revista Patria Nueva, el Grupo Cine de la Base y la Revista Nuevo Hombre. Ninguna de ellas puede entenderse exclusivamente por el FAS y tampoco podemos afirmar que fueron creadas por el frente, pero sí que, a partir de este armado frentista, se logró potenciar cada una de ellas dotándolas de una estructura política-organizativa y financiera, que en la mayoría de los casos replicaba en sus espacios de dirección la composición organizativa del FAS.

En conclusión, por su alcance nacional y desarrollo local de base, con capacidad de reunir amplias masas en actos y congresos (en su efímera existencia), podemos afirmar que el FAS se encolumnaba como una alternativa política de masas frente al gobierno peronista. La magnitud de la participación en sus instancias da cuenta de una verdadera convicción sobre la necesidad de construir organización entre las masas. Este desarrollo echa por tierra tanto la idea de que el FAS era un sello superstructural, como la de que fue un frente creado exclusivamente con la idea de presentar la candidatura de Tosco-Jaime. Su programa y estructura orgánica son un paso más en esta dirección.

Un programa acorde a un ejército político de masas

Desde su constitución en el IV° congreso, el FAS elaboró un conjunto de puntos programáticos que se profundizarían en el Vº. En éste último se votó un programa propio del frente con el objetivo de enmarcar la función política-social del FAS: dar respuesta a los problemas sociales-económicos sectoriales y político-democráticos de la etapa política transitada  y generar conciencia sobre la lucha contra el imperialismo y por el socialismo. El documento aprobado sostiene que “El programa del FAS tiende a expresar las necesidades más inmediatas de todos los sectores sociales explotados y oprimidos, y hacerlos transitar hacia las profundas transformaciones democráticas revolucionarias socialistas”[6].  Las bases programáticas del FAS no pretenden nacer de cero, y en ese sentido, reconocen y retoman la experiencia de lucha del pueblo argentino expresada en el Comité Internacional Obrero de 1890; en las luchas de la FORA anarquista; en la Semana Trágica y la Masacre de la Patagonia; en el programa de la Unión Sindical Argentina de 1938; en las movilizaciones de masas antioligárquicas del 17 de octubre de 1945; en las heroicas luchas de la Resistencia Peronista, que produjeron programas como el de La Falda en 1957 y el de Huerta Grande en 1959; en el surgimiento de la CGT de los Argentinos; y en las luchas del Cordobazo, en las que resurgió el movimiento clasista cristalizando en SITRAC-SITRAM. El reconocimiento de estas experiencias programáticas nacidas al calor de la lucha, no dejan de lado una apropiación crítica por parte del FAS. En ese sentido, las bases programáticas sostienen que “la limitación fundamental que tuvieron, más allá de las imprecisiones y ambigüedades que pudieron tener, es que estos programas surgieron y fueron levantados por estructuras sindicales, que no son instrumentos idóneos para combatir a los explotadores en el plano político.”. Consciente de este problema, el FAS pretende acumular esta experiencia y elevarla al plano que entiende correspondiente, el organismo político de masas, compuesto por los sectores obreros, campesinos y populares que junto a las fuerzas revolucionarias y progresistas, tienen por objetivo promover la participación activa de las masas, ejercitándolas en su desarrollo político a través de la democracia directa en sus lugares de vida y de trabajo, propiciando la organización de las bases, para impulsar el camino hacia la liberación nacional y social definitiva. El impulso de la lucha de masas está basado en una plataforma de lucha por sector que toma los principales problemas de los sectores que componen el FAS. Es así que se presentan un conjunto de medidas que se exigen al Estado para dar respuestas a los problemas de los trabajadores, campesinos, estudiantes, y demás sectores sociales en el plano de la educación, salud, vivienda, trabajo, etc. Más allá de estas exigencias, las bases programáticas finalizan dejando en claro que “todas nuestras luchas, todas nuestras necesidades inmediatas, nos llevan a chocar contra el sistema de explotación en que vivimos. Este sistema está apuntalado y sostenido por la forma más alta y cruel de opresión y explotación que haya alcanzado el capitalismo en el mundo: el Imperialismo”.

Sobre este programa vale al menos una reflexión. Estas bases programáticas no se estructuran como un programa por la toma del poder. No es el programa del PRT, sino el de un ejército político de masas que alza una plataforma de lucha para la etapa, con el objetivo de ir formando la alianza de clases necesaria, bajo la hegemonía de la clase trabajadora, a partir de la elevación de los niveles consciencia, lucha y organización del movimiento popular, con el norte estratégico de la lucha por el socialismo. Intentar dotar de definiciones estratégicas transicionales, implicaban forzar una síntesis política-ideológica entre diferentes partidos, organizaciones político-militares, y organizaciones de base y sindicales, que no era posible hasta el momento, dado el grado de heterogeneidad y diversos niveles de politización de quienes integraban el FAS. Por ende, lo que unía a estos sectores era una plataforma de lucha concreta y definiciones ideológicas tales como la independencia de clase, la hegemonía de la clase trabajadora, y la lucha antiimperialista, anticapitalista y por el socialismo.

Un estatuto para reglamentar la orgánica del frente

El VI° Congreso votó el estatuto del FAS, elaborado por la regional Córdoba y discutido previamente en las instancias regionales. El estatuto se inicia a través de un preámbulo donde se afirma que el FAS se debe proponer como un amplio Frente de Liberación Nacional y Social donde tengan lugar todas las organizaciones y las amplias masas populares que luchan por la liberación nacional, en contra del imperialismo y por la construcción de socialismo. Lo constituyen las organizaciones políticas revolucionarias, progresistas y populares, las organizaciones obreras, campesinas, juveniles, estudiantiles, etc. que convienen libre y democráticamente acordar su unidad basada en los programas y declaraciones políticas aprobadas por todas las organizaciones en los Congresos de Tucumán y Roque Sáenz Peña (Chaco). También se aclara que si bien las organizaciones deben adherir a estos documentos, las mismas conservan su independencia política, organizativa e ideológica, teniendo el derecho a discutir o rediscutir los lineamientos generales entre las distintas organizaciones en los momentos en que así aconsejen las circunstancias. Es decir, si bien en algunos casos se impulsaba la identidad FAS como aglutinador, cada organización mantenía su independencia política e ideológica, y no era el FAS en sí mismo quien regía y fiscalizaba la política sectorial de las organizaciones, siempre y cuando no se pusieran en contradicción los principios políticos y organizativos. En ese sentido, el estatuto menciona que el clima de construcción debe ser fraterno, respetando la autonomía organizativa y fundamentalmente bregando por la no intervención en el desarrollo de las organizaciones que componen el frente.

En relación a su funcionamiento interno, el estatuto discrimina lo que respecta a la organización nacional y a la organización regional y zonal del frente. La estructuración nacional tiene forma piramidal, dotando de centralidad a las direcciones, pero siendo elegidas desde “abajo hacia arriba” y no de “arriba hacia abajo”, partiendo de los congresos de delegados y congresos generales, para llegar al comité central, comité ejecutivo y una mesa permanente del FAS.

La composición del FAS: la unidad entre la izquierda y el peronismo revolucionario.

El FAS no fue un frente exclusivo del PRT, sino que fue compuesto por otras organizaciones políticas y sociales, personalidades y referentes políticos, tanto de la izquierda marxista, como del peronismo revolucionario. El acuerdo inicial entre el PRT y el Bloque de Agrupaciones Peronistas en apoyo a la CGT fue ampliándose durante los congresos y el proceso de construcción regional y zonal. Intentando clasificar a las organizaciones que formaron parte o adhirieron al frente, podríamos dividirlas en (1) publicaciones: El Combatiente y Estrella Roja, América Latina, Patria Nueva, Nuevo Hombre, Posición, Rescate, Delegación de Trabajadores del Diario El Mundo; (2) grupos culturales: Cine Clasista, Grupo Cine de la Base; Mesa Cultural del FAS; (3) organizaciones populares, sindicales y de trabajadores: Agrupación Trabajadores de la Construcción de Santiago del Estero, CGT Clasista de Salta, frente de Villeros y Campesinos, Trabajadores de General Motors de Bs. As., Movimientos vecinales combativos de distintos barrios y villas, Sindicatos de Ingenios y ex ingenios de Tucumán, Organizaciones de aborígenes; Empleados públicos de Mendoza, frente de Villeros y Campesinos; Trabajadores Municipales, Trabajadores de Perkins, Luz y Fuerza, SITRAC-SITRAM, Movimiento Sindical de Base (MSB); (4) organizaciones políticas y político-militares: Columnas FAL América en Armas, FAL-Che, FAL Comando Lezcano/Polti/Tabora, Juventud Peronista y Juventud Trabajadora Peronista de Salta y Jujuy, Juventud del Partido Marxista Leninista, Ejército Libertador Nacional, Juventud Guevarista, Comandos Populares de Liberación, Grupo Espartaco, Orientación Socialista, El Obrero, Cristianos por el Socialismo, Partido Comunista Marxista-Leninista (PCML),  PRT-ERP, Liga Espartaco, Liga Socialista, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Izquierda Socialista, Grupo Praxis, Socialismo Revolucionario, Peronismo de Base, Ejército Libertador del Norte, Acción Proletaria, Organización Revolucionaria “Poder Obrero”, Democracia Obrera Revolucionaria y Círculo Socialista, Unidades Básicas de Tucumán, JP y JTP de Santiago del Estero, Organización Guerrillera, Unidad Básica “Evita Montonera”, SOLBA (Solidaridad y Lucha Barrial), PST (observadores), Política Obrera (observadores), Frente Revolucionario Peronista, Peronismo de Base (observador).

La lista organizaciones nos dejan entrever datos significativos. Uno de ellos es la profunda inserción obrera y popular. Lo que tiempo después de denominaría como nuevos movimientos sociales ya estaban al frente del FAS, como las organizaciones, expresada en la representación de distintas organizaciones de trabajadores rurales, campesinos, villeros, curas tercermundistas y pueblos originarios, que adherían al frente, participaban de instancias de dirección y tenían oradores en los congresos[7]. Estos sectores estaban en el centro de la escena, una muestra es que el IV° y V° congreso del FAS se realizaron en el corazón del norte argentino (Tucumán-Chaco) junto a los trabajadores más humildes.

La segunda cuestión es que el FAS evidencia la posibilidad real de congregar en un armado político-organizativo a la izquierda marxista y al peronismo revolucionario. Si bien durante el periodo 1969-1976 esta unidad se efectivizó en el plano de la lucha sindical, es difícil encontrar ejemplos que puedan expresar esa unidad en el plano político, con un programa que exprese la construcción de una alternativa de poder. Desde ya que la figura de Perón fue un gran obstáculo, pero la diferencia entre quienes alzaron su voz (y fundamentalmente su acción política) para denunciar al propio conductor del movimiento y sus secuaces, es la que permite distinguir quiénes seguían manteniendo una acción revolucionaria, incluso identificándose dentro de la identidad peronista, pero ya fuera del movimiento. Siguiendo esta premisa, entonces vale preguntarse: si las figuras que impulsaron, participaron y adhirieron al FAS, como Jaime, Eguren, Ortega Peña, Gaggero, entre otros, no eran la expresión más nítida del peronismo revolucionario, entonces ¿Quiénes lo eran? Armando Jaime traía consigo la referencia de la CGT clasista de Salta, dirigente del FRP y militante peronista, presidía el FAS como muestra del peso que se pretendía dar a este sector en el armado frentista. Alicia Eguren, intelectual, militante revolucionaria, referente viva de la Tendencia Revolucionaria del peronismo y compañera de J.W.Cooke. Rodolfo Ortega Peña, diputado por el FreJuLi, director de la revista “Militancia peronista para la Liberación” junto a Eduardo Duhalde, adherente al Peronismo de Base, pero no militante orgánico, sintetizaba desde su bloque unipersonal en el congreso y en su publicación, las críticas más agudas al gobierno de Perón. Manuel Gaggero, también -inicialmente- miembro del FRP, abogado de presos políticos, y parte del comité ejecutivo del FAS, era una referencia viva de la resistencia peronista, de la CGTA, y protagonista en la defensa de los presos políticos peronistas y no peronistas, perseguidos por las diferentes dictaduras. Por último, es necesario evidenciar, que a fin de cuentas la confluencia no fue únicamente entre la “izquierda marxista y el peronismo revolucionario” en general, y he aquí una de las riquezas exclusivas del FAS. Podríamos decir que reunió partiendo del campo marxista derivado hacia el  guevarismo (PRT), trotskismo (GOR, Grupo Espartaco), consejismo (afluentes de OCPO), maoísmo (PCML), en alianza con el peronismo revolucionario, pero que también agrupó en el frente a diferentes organizaciones anarquistas y libertarias tales como Organización Anarquista, Resistencia Libertaria, y Acción Directa, que su carácter clandestino no son mencionadas y que en 1975 conformar la organización Resistencia Libertaria[8].

La construcción del FAS, entre la unidad y la disputa

La construcción del FAS lejos estuvo de ser un proceso “por arriba” y sin debate político. De los distintos puntos en tensión que se suscitaron en el frente, esbozamos al menos uno que da cuenta de las disputas existentes por la dirección del FAS: el programa del frente, su carácter y el marco de alianzas.

La posición del PRT en relación al programa del FAS, y con ello, el marco de organizaciones con las cuales realizar alianzas, se encontraba en tensión con otras posiciones políticas, incluso de la izquierda marxista. Para comprender el carácter del FAS es necesario retomar el folleto “Perspectiva del Frente de Liberación” del PRT en el cual deja en claro los distintos niveles organizativos que debe impulsar el partido revolucionario. En él distingue entre el frente de liberación y el resto de organizaciones existentes (partido, órganos de masas, ejército popular y frente táctico). El PRT retomando a Lenin sostiene que “el campesinado pobre, la pequeña burguesía y otras clases que no tienen proyecto político propio, deben seguir a la clase obrera o a la burguesía, y que si la clase obrera no se preocupa por acercase a ellas, por ganarlas a la causa de la revolución nacional y social que traerá también la solución de sus problemas, serán indefectiblemente engañadas por la burguesía, influenciadas por ella y lanzadas contra la revolución como fuerza de choque.”[9] En ese sentido, impulsaba un frente que acaudille bajo la hegemonía de la clase obrera a sectores no proletarios. Ese frente debía ser de liberación nacional y social (FLNyS), contra el imperialismo y sus aliados burgueses locales, tiene un carácter estratégico y permanente, es el arma de unidad y lucha de la clase obrera y sus aliados, campesinos, villeros, capas medias. Ahora bien, el PRT entiende que dicho frente es una alianza de clases para concretar un objetivo común, y que es precisamente la diferencia de clases y comunidad de intereses lo que hace necesario y posible al frente. Si los intereses de clase en juego fueran homogéneos no sería necesario un frente, bastaría un partido para representarlos. Es justamente dicha organización, el elemento permanentemente organizado bajo la unidad y homogeneidad política, ideológica, estratégica y programática, quien debe librar una lucha constante al interior del frente para anular las tendencias reformistas y populistas impulsadas por los sectores no proletarios. Desechada la idea de frente como partido, el PRT plantea que el FLNyS no se decreta por voluntad de una organización, sino que es necesario ir nutriéndolo de todos los sectores oprimidos y explotados dispuestos a luchar contra el imperialismo y el capitalismo. Aquí se centra la construcción del FAS, como un germen de dicho FLNyS. Por ello el FAS está orientado a ser un ejército político de masas, que pueda tomar el conjunto de problemas inmediatos del pueblo en una plataforma de lucha contra este sistema de miseria y explotación, a la par que aporte a la construcción del poder popular, impulsando la organización local de las más amplias masas. En esta sintonía, el FAS no era pensado como un organismo de base ya que “el Frente toma todos los problemas de las masas, económicos, sociales y políticos, partiendo de la comprensión establecida previamente de que cada uno de esos problemas no son más que manifestaciones parciales de una realidad más general, es decir del régimen capitalista imperialista. Por el contrario, los órganos de masas pueden haber o no arribado a esa conclusión previa. Ellos se ocuparán fundamentalmente de resolver de manera inmediata los problemas parciales que afecten a su sector de clase y en la lucha cotidiana por esos problemas será precisamente que irán tomando una conciencia más amplia del problema general del capitalismo. En este sentido, se puede afirmar que los órganos de masas constituyen el primer escalón en la organización y desarrollo de la conciencia de las masas. Por eso mismo, los órganos de masas específicos tienen un carácter mucho más amplio y flexible y existe en ellos una variada gama de matices, desde los puramente reivindicativos hasta los más politizados.”[10]

Una última distinción que realiza el PRT en relación al FAS es con respecto a un ejército popular y un frente de unidad de acción, al sostener que un ejército popular es una organización destinada al combate, y si bien levanta un programa similar al del FAS, su composición se restringe a los combatientes probados. En relación al frente de unidad de acción, el PRT entiende que, a diferencia del FAS, el primero es un frente táctico por un objetivo concreto (la lucha contra el fascismo) y que por ende su contenido de clase es aún más complejo que el del FLNyS. En ese sentido impulsó a fines del ´73 el Frente Antifascista y Antiimperialista.

Por último, para el PRT, la extensión y profundidad del programa del FAS debía adecuarse a las tareas políticas del momento orientadas a desarrollar ese embrión del FLNyS. En ese sentido irá de a poco profundizando la idea de ampliar el FAS a otros sectores políticos. El PRT caracterizaba que la vuelta de Perón venía a jugar un rol clave en la contrarrevolución. Su retorno verificó ese análisis  a través de la masacre de Ezeiza, la escalada fascista y represiva expresada en la creación de la Triple A y otros grupos contrainsurgentes parapoliciales, el “Navarrazo” y la política de expulsión del peronismo revolucionario cuyo emblema fue el 1º de mayo de 1974. Muerto Perón esas tendencias ya presentes se potenciaron. Ante eso, el PRT sostuvo que era necesaria la mayor unidad política y organizativa del campo popular contra los explotadores.[11] Así intentó una y otra vez tender lazos con el PC y Montoneros. A sabiendas de que eran las principales organizaciones que representaban las tendencias populistas (Montoneros) y reformistas (PC), era necesario agruparse en un Frente de Liberación contra el imperialismo y sus aliados burgueses. El PRT era consciente de que apostar a alianzas con estos sectores implicaría una disputa político-ideológica por la dirección del frente, pero estaba dispuesto a dar esa lucha interna en pos de construir un frente los explotados y oprimidos que pudiera oponerse a la ofensiva imperialista y burguesa.

Distintas organizaciones participaron del debate sobre el programa del FAS, pero nos enfocaremos en los postulados que sostenían las organizaciones afluentes de la Organización Comunista Poder Obrero que formaban parte del FAS (MIR-Grupo El Obrero-ORPO), ya que fueron quienes más debatieron con la orientación hegemónica el frente. Desde el IVº congreso, en el cual se acordaron 15 puntos programáticos -en tanto ejes a profundizar de cara elaborar las bases programáticas del frente- el MIR plantea que “al faltar en el Programa del Frente una propuesta de Poder, una propuesta de organización socialista y revolucionaria para las masas (Consejos Obreros, Campesinos y Populares que garanticen el armamento general de la población), todas las reivindicaciones presentes adquieren inmediatamente un carácter de reformas, de cambios en los marcos del actual sistema de explotación capitalista.”[12]Esta idea inicial de exigir al armado frentista una estrategia de poder (elevando así sus definiciones primarias) se irá profundizando hasta el VI° congreso del FAS, donde los afluentes de OCPO plantean en un folleto de convocatoria al congreso, la dicotomía “Frente Popular o Frente Revolucionario”. En él plantean firmemente que la tarea del FAS no es conformar un frente estable o estratégico con sectores burgueses o pequeños burgueses como el FIP, el PC, o incluso Montoneros y la JP, ya que eso sería “abrir las puertas al camino frente-populista, promoviendo en los hechos, justamente lo que hay que combatir. Si los revolucionarios nos planteamos estrategias, programas y frentes tratando de «no espantar» a los reformistas, no llegaremos a la revolución porque los reformistas pretenden llegar al socialismo con estrategias, programas y frentes que no asusten a la burguesía.”[13] En esta sintonía, los afluentes de OCPO, sostiene que el FAS debía ser fundamentalmente una Frente Revolucionario, una instancia política-organizativa que aporte a la unidad de los destacamentos revolucionarios y por ende su programa y definiciones deberían tender a la unidad de las organizaciones. El documento "Lucha democrática y hegemonía proletaria", escrito desde el exilio en 1977, muestra de manera cabal esta perspectiva, cuando sostiene- luego de criticar hasta la médula al frente- que: "(…) de todos modos, el FAS significó un enorme paso adelante en la unificación de los revolucionarios marxistas, cuya síntesis más alta sería OCPO más adelante."[14].

El trotskismo argentino frente al FAS, entre la deshonestidad intelectual y la miopía política.

Afirmándose en el folleto sobre la política frentista y en el trabajo de Santucho, los autores (y militantes del Partido de los Trabajadores Socialistas –PTS-), Aguirre y Werner (2007) sostienen que el programa del PRT no levantaba una estrategia de doble poder tal como lo entendía “el marxismo clásico” y, por el contrario, llevaba a cabo una posición política frentepopulista. A su vez plantean que la expresión concreta de esta estrategia fue el FAS, como frente antiimperialista sobre la cual el PRT privilegió, en el terreno de las relaciones políticas, la búsqueda de acuerdos con la organización Montoneros y con el PC, y que, de esta manera, se daba por liquidada la efectividad de un programa revolucionario independiente, ya que la posibilidad de su realización radicaba en la unidad política con una supuesta burguesía antiimperialista. A las mismas conclusiones abona Christian Rath (2006), militante del Partido Obrero (expresión actual de la organización que hasta los ´80 se llamó Política Obrera), cuando plantea en la prensa de su partido que el proyecto político del PRT no fue la revolución socialista, sino erosionar al gobierno con vistas a crear las condiciones de un frente de colaboración de clases con los llamados sectores liberales. Incluso llega a plantear que la estrategia del PRT era “una copia de lo que hacía el PC para estrechar filas en torno a Perón, pero sin asalto a los cuarteles”, y que el FAS “jamás se propuso un programa de reorganización social y lucha por el poder sino armar una variante de frentismo burgués.”[15] y que por ello “inventaron como enemigo principal al fascismo, diluyendo el hecho decisivo de que era Perón quien conducía la política de aplastamiento de la clase obrera y de entrega al imperialismo”[16].  

El primero es que el FAS siempre ubicó a Perón en el campo contrario, delimitándose de él y su gobierno. Van dos ejemplos claros: el impulso de una candidatura clasista y opositora a Perón en septiembre ‘73, y el denunciarlo como responsable del Navarrazo (la intervención de Córdoba) en febrero del ‘74[17]. En las tribunas de los congresos, los oradores también desplegaban esta línea crítica para con Perón, por ejemplo, Manuel Gaggero (FRP) fue claro en el VIº congreso cuando agitó que: “La carta que juega Perón en el país es la de frenar las luchas populares. Mattarazzo, Acindar, Gatic, demuestran que las luchas populares están en ascenso y que no se frenan a pesar de estar Perón en el gobierno.” También es falso que el FAS haya “elegido al fascismo como enemigo” dejando a Perón de lado. El Proyecto de Constitución del Frente Antifascista aprobado en el Vº congreso inicia dejando más que claro la responsabilidad de Perón al sostener que: “Con el gobierno nacional del General Perón- contra lo esperado por el pueblo- no se han producido en su beneficio cambios de ningún tipo. Todas las esperanzas que tenían las masas populares comienzan a desmoronarse frente a la ratificación, por parte del gobierno de una política que tiende a favorecer a los monopolios, en contra del bienestar del pueblo y de la libre expresión y participación en las grandes decisiones nacionales. (…) No existe hasta ahora ningún intento concreto de eliminar la explotación y los privilegios (…) Se nota con toda claridad que esta política se complementa con un plan que trata de someter coercitivamente a los sectores populares. Se consolida el poder de la burocracia sindical por medio de la nueva Ley de Asociaciones Profesionales. Se lleva la angustia y la inseguridad a millares de familias mediante la Ley de Prescindibilidad. Se refuerzan los organismos represivos. Se legisla en función de la discriminación ideológica a nivel de gobierno y de movimiento justicialista. Se promueve desde instituciones estatales la formación de bandas fascistas y parapoliciales. Se planea eliminar, de cualquier modo, a los dirigentes y organismos populares, buscando descabezar el movimiento de masas. Todo esto conforma un clima de terror fascista, creado deliberadamente con el objetivo de atemorizar a la clase obrera y el pueblo, y frenar sus luchas.” [18]

La cita es extensa, ya que la tergiversación de Rath también lo es. Incluso cuando dice que compartió un campo de batalla con Jaime al apostar a la candidatura Tosco-Jaime, ya que el Congreso Clasista del PO realizado el 17 y 18 de agosto de 1973 resolvió apoyar la candidatura y enviar delegados al plenario convocado en Tucumán con esa finalidad. En honor a la verdad histórica debemos que aclarar que el lanzamiento de la candidatura de Tosco-Jaime estaba planeado para el mismo 18 en el IV Encuentro del FAS de Tucumán, mientras Política Obrera lanzaba su propio “Frente Electoral Clasista” en Buenos Aires. Es decir que ni estuvieron en Tucumán (como si lo hizo el PST), ni impulsaron activamente la candidatura.

Bajo este prisma político e ideológico (PO-PST Rath, Aguirre y Werner), tildan al PRT-FAS de frentepopulista. Ven frentepopulismo y colaboración de clases, en todos los armados políticos que los exceden a ellos, descalifican todo tipo de alianza, cayendo en la estrategia de “clase contra clase”. Si bien en los papeles retoman la idea trotskista de Frente Único Obrero, siempre encuentran una acepción para llevarlo a cabo. Por eso caracterizan al PRT de frentepopulista, sin notar (o peor aun notándolo, pero tergiversando) que una política es un frente popular dirigido por una fracción burguesa, y otra un FLNyS, es decir una alianza que entabla el proletariado con los pobres del campo y la ciudad, con sectores pequeños burgueses o mediana burguesía, en base a acuerdos prácticos y puntuales contra un enemigo común, y que indefectiblemente, en el cual la clase obrera debía luchar por la dirección de dicha alianza.

A modo de cierre parcial, un balance del FAS y la perspectiva actual.

En primera medida, el desarrollo del FAS echa por tierra la idea de que el PRT no tuvo ningún tipo de política durante el período abierto en el ´73. Más de un estudio intenta encasillar su propuesta política únicamente ligada al “desarrollo de la guerra revolucionaria.”[19] En segunda instancia, el frente muestra la posibilidad real de congregar a la izquierda marxista y al peronismo revolucionario, desmintiendo la idea de un supuesto sectarismo del PRT fundado en la autoconstrucción partidaria, como único camino para hacer la revolución en nuestra patria. Como tercera cuestión, entendemos que el frente no se limitó a un armado superestructural sin desarrollo real por la base. La intervención del FAS en el trabajo local, su elaboración programática y estatutaria, da muestra de un desarrollo vivo en vías de consolidación, que implicó más de un traspié debido al intrínseco carácter heterogéneo del frente. Pero justamente la riqueza de este frente era albergar a pesar de la diversidad política e ideológica, a extensos trabajos de masas en una herramienta común de trabajo, en un ejército político de masas, orientado por una plataforma de lucha antiimperialista y anticapitalista, sin exigir una síntesis política, orgánica, e ideológica. Por último, creemos que su desenlace está ligado (al menos) a dos cuestiones fundamentales: la avanzada represiva que rápidamente se cobró la vida de sus principales referentes (Silvio Frondizi, Alicia Eguren, Ortega Peña, Agustín Tosco) y llevó a la clandestinidad a muchos dirigentes y trabajos de masas; y la incapacidad de ampliar el FAS en un Frente Democrático Patriótico Antiimperialista, que necesitaba del aporte de grupos de peso como Montoneros, el Peronismo de Base y el PC, reacios a conformar un espacio común con el PRT. Sobre este punto, vale resaltar que a partir de mediados del ´74 el contexto político cambió fuertemente (en lo respectiva al enfrentamiento político militar) por ende era necesario una nueva configuración frentista.

Dada la enorme fragmentación que todavía prima en el campo popular y en la izquierda en particular, la construcción de un frente estable que pueda abordar lo social y lo político adquiere un carácter estratégico para la acumulación de fuerzas. El análisis de la experiencia del FAS corrobora una conclusión política actual: la forma organizativa que corresponde a dicha instancia es la de un frente social y político, en el que organizaciones políticas y sociales podamos unirnos con la voluntad de intervenir en la lucha de clases (lo que incluye, pero excede el terreno electoral). En este punto, partiendo de la necesidad de la amplitud no sólo respecto de tipo de organización (sindical, de base, o política), sino también de las tendencias político – ideológicas, indefectiblemente en un frente de estas características implica tanto la unidad como la disputa por la orientación, la cual debe darse de cara al pueblo, a la clase trabajadora, y dentro de la intervención en la lucha. El planteo cobra actualidad, al tiempo que entre la coalición de partidos trotskistas nucleados en el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) se debaten la construcción de un partido unificado. Si bien es válida y necesaria la discusión sobre el partido, el debate saltea la incapacidad actual que presenta dicho frente, el de ser una herramienta política de tipo frentista que permita aglutinar bajo un mismo frente a diferentes organizaciones y partidos, con inteligencia común en los trabajos sectoriales, y un programa político que proponga una salida a la crisis actual, ofreciendo una alternativa a miles de luchadorxs que pretenden derrotar este plan de ajuste, pero también avanzar en una fuerza real que luche por el poder en nuestro país. Para esto último, la independencia de clase, el anticapitalismo, el antiimperialismo, el feminismo, la acción directa son un conjunto de principios que debería tener un frente para la etapa de acumulación, pero también de resistencia y unidad en la acción con sectores que no necesariamente se reivindiquen anticapitalistas. Como supuesto de todo lo anterior, resulta desde todo punto de vista indispensable que el frente tenga una clara hegemonía proletaria. La composición obrera y del pueblo pobre, es una condición para construir una alternativa política de los trabajadores, única clase capaz de llevar adelante un proyecto revolucionario.

 


[1] Autor del libro “FAS: Frente Antiimperialista y por el Socialismo. Un ejército político de masas impulsado por el PRT”. Ediciones La Llamarada. Buenos Aires. 2017. Integrante de Venceremos PT.

[2] Este acuerdo impulsado por Lanusse implicaba la rehabilitación de los partidos políticos, la apertura de sus locales cerrados por el onganiato, la actividad política libre, y la posibilidad de una instancia electoral a mediano plazo. El objetivo de fondo era institucionalizar el conflicto social y aislar a las organizaciones armadas que venían ganando adhesión entre las masas.

[3] Ver El Combatiente n°70. 30/07/72. 

[4] Ver Revista Posición n°3 de febrero de 1973. En: eltopoblindado.com

[5] De Santis, Daniel. El PRT-ERP por sus protagonistas. Ediciones A Formar Filas. Buenos Aires. 2015.

[6] Programa del FAS. Ediciones Libros de Frente. En: www.eltopoblindado.com

[7] Vale dar cuenta que el movimiento de mujeres y disidencias sexuales son el gran faltante en los grupos que participaron del FAS.

[8] Para un mayor conocimiento de estos grupos, véase el trabajo “Resistencia Libertaria” de Verónica Diz y Fernando López Trujillo (2007).

[9] Editorial El Combatiente n°87. 24/08/73.

[10] “Perspectivas del Frente de Liberación”. El Combatiente n°103. 9/1/74

[11] “(…) Hoy con el reagrupamiento que ha comenzado a producirse, tanto programática como orgánicamente, el FAS se convertirá en una herramienta estrecha, insuficiente. La nueva etapa que se abre y que se prolongará muchos años se caracterizará por gobiernos pro-imperialistas, abiertamente antipopulares divorciados totalmente de las masas y distanciados hasta de algunas apoyaturas burguesas; enfrentados totalmente a nuestro pueblo, a las organizaciones populares y también a algunas corrientes burguesas, tal como ocurrió con la Dictadura Militar. En esta situación corresponde la organización de un Frente Democrático, Patriótico, Antiimperialista, de un frente más amplio que el FAS, que programática y orgánicamente esté en condiciones de unir, organizar y movilizar a las más amplias masas antigubernamentales.” (Resoluciones Comité Central, septiembre de 1974).

[12] Véase la prensa del MIR Venceremos. N°2, 31/08/73. En www.eltopoblindado.com

[13] “Frente Revolucionario o Frente Popular. Todos al 6to congreso del FAS”. Organización Revolucionaria Comunista “El Obrero”- MIR- Organización Revolucionaria “Poder Obrero”. En www.eltopoblindado.com

[14] Obra colectiva [et.al.]. Organización Comunista Poder Obrero. Una aproximación al socialismo revolucionario en los 70. Buenos Aires. A Vencer. 2009.

[15] Véase Rath, Christian. “El regreso del PRT sobre “lecciones de batalla” de Gregorio Flores”. En Prensa Obrera. N°964. 21/11/2006. 

[16] Véase Rath, Christian. “Armando Jaime (1932-2018)”. En Prensa Obrera del 6 de febrero de 2018.

[17] Frente a la intervención, la Mesa Nacional del FAS elabora un comunicado denunciando que el Navarrazo “goza de absoluta impunidad y obra alentada por el Poder Ejecutivo Nacional, directo responsable de las actitudes de la policía de Villar y Margaride, como del accionar de las bandas parapoliciales”. Véase la  “Revista Nuevo Hombre”, n°58, primera quincena de marzo de 1974. En www.topoblindado.com.ar

[18] Proyecto de Constitución del Frente Antifascista aprobado en el V Congreso. En www.topoblindado.com.ar

[19] Esta es quizás una de las principales conclusiones de Luis Mattini en “Hombres y mujeres del PRT-ERP, de Tucumán a La Tablada”. Buenos Aires. De La Campana. 2007.

 

 

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