por Emiliano Exposto y Gabriel Rodríguez Varela 

 

 

 1. ¡Valorízate! He aquí el imperativo impersonal que domina nuestras vidas en la sociedad capitalista contemporánea. Ese mandato anónimo nos subsume “desde el vamos” en la lógica del Capital en tanto valor-que-produce-más-valor.

 

2. El capitalismo es inconciente; lo inconciente es capitalista. El imperativo de la valorización se produce y funciona de manera inconciente en la práctica concreta de las relaciones sociales, reproduciéndose de espaldas a nuestra voluntad, acciones particulares y agencias colectivas.

 

3. Asistimos a una subsunción totalista y contradictoria de las vidas al Capital. Valer=ser es una fórmula que podría resumir la eficacia de la dominación concomitante a nuestra subsunción a la lógica autotelica y tautológica de la valorización.

 

4. No se goza en el sufrimiento. La ambi-valencia del campo afectivo en la sociedad capitalista responde más bien a la dialéctica contradictoria de la valorización que se hace desear en la inmanencia de nuestro malestar. No nos mueve el deseo; nos mueve el valor. La subsunción totalista de nuestras vidas a la dinámica de la valorización conlleva al hecho según el cual el Capital goza con el sufrimiento que aquel imperativo nos produce.

 

5. En la sociedad productora de mercancías, hay un solo y mismo Sujeto. Del mismo modo, no podría sino haber un solo y mismo goce. Quién goza, cada vez y todas las veces, es el Sujeto. El Capital es el Sujeto del goce en la modernidad capitalista. Por ende, no hay goce del cuerpo, o de los particulares. Somos aquello que se goza y es gozado en el proceso de satisfacción del Capital en tanto Sujeto de la totalidad social capitalista.

 

6. No hay afuera del goce del Capital. La única singularidad concreta irreductible en la sociedad de la mercancía es lo real capitalista, en tanto límite inmanente que matriza históricamente la imposibilidad objetiva de sortear la subsunción universal de nuestras vidas en la valorización del Capital.

 

7. La frase “Yo deseo” responde a un robinsonismo voluntarista. El deseo no es una potencia vital trans-historica, meta-histórica, o a-histórica. El deseo no es una fuerza ontológica y/o antropológica. El deseo no es una sustancia positiva. El deseo no es una relación exterior y/o interior con un objeto pre-existente. El deseo es un proceso dinámico de (auto) producción inconciente de la sociedad. El valor es lo inconciente de la sociedad capitalista. Dada la subsunción totalista de las vidas al Capital, el deseo es el deseo del Capital (valor-que-se-valoriza). La alienación heteronomica del deseo en el Capital es, desde-siempre-ya, constitutiva de la producción libidinal y social. En su especificidad histórica, el deseo no podría ser sino deseo del valor.

 

8. La dialéctica entre la lógica del goce del Capital y la dinámica del deseo del valor constituye universalmente un orden objetivo de determinaciones inconcientes que opera ciegamente de espaldas a nuestra conciencia, configurando materialmente nuestros anhelos, fantasías, pasiones, afectos, etc., sin miramientos por el sufrimiento que ello nos produce.

 

9. La universalización de la dinámica del deseo del valor se particulariza produciendo concretamente las cualidades diferenciales de nuestros modos de vida situados que, contradictoriamente, son asimismo los apéndices indiferentes y los engranajes abstractos del proceso autonómico y automático de la valorización del Capital. En esa contradicción, yacen posibilidades inmanentes de contestación crítica de la sociedad de la mercancía.

 

10. Ello desea, ello trabaja, ello valoriza. El goce del Capital se satisface compulsivamente con nuestra implicación particular y entrelazamiento general en el proceso inconciente de producción del deseo del valor que desea valor y más valor.

 

11. En sentido estricto y por definición, el goce del Capital se satisface en la autonomización de la dinámica automática del deseo del valor, sin miramientos respecto del sufrimiento que nos produce.

 

12. La dialéctica entre la lógica del goce del Capital y la dinámica del deseo del valor atraviesa todos los campos, instancias, niveles, pliegues, etc., de la experiencia en la sociedad de la mercancía. Somos los ejecutores inconcientes del proceso relacional semoviente de satisfacción del Capital en la auto-valorización del valor.

 

13. El tiempo y el espacio, en la sociedad de la mercancía, son dimensiones históricamente específicas funcionales a la valorización del Capital. Resulta objetivamente imposible (límite real históricamente especifico) sortear la mediación totalista del valor, la mercancía y el trabajo abstracto en nuestra propia vida, en tanto y en cuanto constituyen el apriorismo social de la temporalidad acelerada y la espacialidad enajenada inherentes a la práctica concreta de las relaciones sociales en la modernidad capitalista.

 

14. La lógica fetichista del goce del Capital totaliza la sociedad productora de mercancías. En cierta forma y hasta cierto punto, somos mercancías-de-goce del Capital. En el capitalismo, el trabajo productor de la forma valor de las mercancías es bifacético (concreto y abstracto, deseante y gozante, etc.). Estrictamente hablando, somos una unidad contradictoria: objetos-de-goce del Capital y agentes-causa de la valorización del deseo del valor que, al mismo tiempo, nos experimentamos como sujetos de la acción/pasión en la práctica concreta de las relaciones sociales.

 

15. El goce del Capital, el deseo del valor y el trabajo inconciente que los produce son relaciones sociales históricamente específicas de la modernidad capitalista. No remiten a una realidad neutral, natural o transhistórica. Mucho menos refieren a una condición sustancial, ontológica y/o positiva. Son abstracciones sociales históricamente peculiares e intransferibles del capitalismo. Antes que una crítica al goce del Capital “desde el punto de vista” del trabajo o en virtud de la auto-valorización de los actores particulares y/o los agentes colectivos, el problema consiste en realizar una crítica radical contra el trabajo y el deseo del valor como categorías fetichizadas y reificadas de la dominación capitalista.

 

16. La dialéctica involucrada en la producción deseante del valor responde a una dinámica contradictoria potencialmente conflictiva inmanente a la práctica concreta de las relaciones sociales. El deseo del valor es un campo de fuerzas contradictorio. Allí se ubican las posibilidades que el mismo deseo del valor produce e inhibe en su realización. En el proceso de valorización del deseo del valor, la correlación entre las fuerzas de trabajo deseante (energía libidinal) y las fuerzas de trabajo gozante (energía pulsional) motoriza, tanto más simultanea que sucesivamente, un proceso contradictorio potencialmente conflictivo suscitado entre: positividad y negatividad, cualificación y cuantificación, continuidad y discontinuidad, diferencia e integración, producción y represión, prohibición y transgresión, determinación sistémica e indeterminación potencial, plurificación concreta y equivalencia abstracta, etc. La lucha de clases y los antagonismos sociales, en la modernidad capitalista, son inmanentes a las contradicciones potencialmente conflictivas producidas hacia el interior del deseo del valor.

 

17. La dialéctica totalista y contradictoria que rige la dinámica del deseo del valor conduce, por la mediación de nuestras fuerzas de trabajo deseante (libido), a la producción concreta de posibilidades sociales puesto que multilateraliza diferencialmente las infinitas riquezas materiales-libidinales (saberes, cualidades, valores de uso, modos de vida, capacidades, técnicas, etc.). Y en el mismo movimiento, por la mediación de nuestras fuerzas de trabajo gozante (pulsión), conlleva a una obturación de tales posibilidades concretas en tanto unifica abstractamente las infinitas riquezas materiales-libidinales de acuerdo a la fijación pulsional de las mismas en la forma finita de la mercancía.

 

18. Las potencialidades diferenciales y cualitativas producidas en inmanencia a la dinámica automática del deseo del valor se encuentran, de manera necesariamente contingente y contingentemente necesaria, obturadas compulsivamente por la integración indiferente y cuantitativa de las mismas en el circuito autonómico y recursivo de la satisfacción del goce del Capital.

 

19. La crítica materialista de la sociedad capitalista tiene un momento de reformismo radical que encuentra sus posibilidades históricas de transformación inmanente (particular y colectiva) en las mismas potencialidades que la dinámica del deseo del valor produce y obtura en su proceso contradictorio de satisfacción del goce del Capital.

 

20. La crítica radical de la sociedad capitalista postula un horizonte político-estratégico de abolición práctica del goce del Capital y el deseo del valor que lo satisface sin miramientos por el sufrimiento que ello nos produce a través de la mediación productiva del trabajo inconciente de nuestras energías libidinales y pulsionales. 

 

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Sobre Revista Intersecciones

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