Por Juan Mattio

Reseña de Slavoj Žižek, La tentación populista. Buenos Aires: Ediciones Godot. Marzo de 2019, 105 p.

Si la filosofía tiene todavía alguna función social es la de poner incómodas las ideas. Y Žižek trabaja siempre en esa dirección. Sus conclusiones pueden resultar inquietantes, incluso débiles, pero es difícil negar su vocación crítica al capitalismo. Desde esa posición podemos leer Contra la tentación populista, un texto del 2006 que tiene como villano malvado aparente a Ernesto Laclau pero que en realidad produce una doble crítica a la democracia y al populismo.

Democracia máquina onírica

Žižek comienza advirtiendo: “el populismo no es un movimiento político específico sino lo político en estado puro: la ‘inflexión’ del espacio social capaz de afectar a cualquier contenido político”. Esto es lo que permite que haya populismos de derecha y populismos de izquierda, su particular mecanismo de captura sobre reclamos, deseos o tendencias que deambulan por el imaginario social sin un programa previo.

De esta manera, el populismo se estructura siempre desde un nosotros (el pueblo) contra un enemigo (que puede ser la oligarquía pero también los migrantes o las disidencias sexuales). Y el antagonismo social es reconducido así hacia tensiones débiles. “El pueblo -dice Žižek- es el resultado performativo del planteo de sus demandas, y no un grupo preexistente”. Una demanda que sigue funcionando dentro del sistema sociopolítico, es decir, dentro de la democracia.

Ya en su estructura, la democracia estructura la lógica de las diferencias mediante equivalencias. Los campos antagónicos equiparan sus diferencias y dividen el campo social en dos: ellos/nosotros. Las elecciones se perciben bajo la “el guión de una compra más”, donde el voto equivale al dinero, los partidos son mercancías y la política deviene un servicio. Surgen así lxs usuarixs de la democracia que reivindican su derecho a usarla, su derecho a la opinión, su derecho a reclamar por un servicio deficiente, etc. La democracia incluye así el antagonismo y logra institucionalizarlo.

La lucha queda atrapada o integrada en la regulación sistémica. Si el populismo agrega algo a esta dinámica es transformar el antagonismo social real (la lucha de clases) en pueblo unido contra un enemigo externo. Para Žižek, la democracia se comporta como una máquina onírica que desplaza o condensa el resto diurno de la lucha de clases.

Populismo y crisis capitalista

Tres años después de “La tentación populista”, Žižek participó en la conferencia “Sobre la idea de comunismo” que se llevó adelante en Londres. Ahí se reúne con Alain Badiou, Jacques Rancière, Terry Eagleton, Toni Negri, entre otrxs. Es interesante leer la crónica de ese encuentro que escribió Mark Fisher para Frieze.

Fisher afirma que la crisis financiera abierta en 2008 fue uno de los temas centrales de las jornadas. Y que más de un orador advirtió que la crisis era insuficiente para “socavar el capitalismo”. Once años después podemos dar por buena esa hipótesis. De hecho, podríamos decir que las consecuencias políticas -no así las económicas- fueron llamativamente débiles para los centros de poder.

En ese contexto, Žižek insistió -nos cuenta Fisher- en que “la narrativa dominante de la crisis, según la cual son los capitales particulares con sus excesos los culpables, en lugar del propio sistema capitalista, sólo permitirá que las personas sigan durmiendo bajo la apariencia de despertarse”. Si quisiéramos generar un ejemplo rápido, podríamos decir que el problema no son los holdouts o fondos buitres -que son, sin duda, despiadados y brutales en su lógica pero también una forma particular que asume el capital en sus procesos de transformación- sino el capitalismo en su conjunto. Y es posible que retener esta idea sea de particular importancia de cara a pensar las condiciones en las que asumirá un nuevo gobierno en diciembre.

La intervención de Žižek en 2009 estuvo orientada a discutir con Badiou, a quien Fisher llama “su maestro ostensible”. Es necesario comenzar de nuevo, habría dicho Žižek, haciéndose eco de la llamada de Badiou de redescubrir "la hipótesis comunista" como si fuera la primera vez. Badiou no abandona su crítica a la restauración gerencialista del poder y el privilegio, pero -dice Fisher- “es difícil confiar en que su pensamiento se orienta hacia el futuro”.

En cambio, el enfoque de Žižek (al igual que el de Negri y el de Michael Hardt) estuvo centrado en las condiciones actuales (apocalípticas) de catástrofe ecológica, crisis de la propiedad privada provocada por la digitalización, impacto en la identidad humana de las neurociencias y la ingeniería genética. “Žižek está listo para afirmar los potenciales emancipatorios que trae aparejada la liquidación de territorios e identidades por parte de los capitales de la ciencia ficción”, afirma Fisher. Si se quiere lograr lo que la mayoría de los oradores de la conferencia había llamado "comunismo", esto requerirá, nada más y nada menos, que la construcción de un nuevo tipo de ser humano.

El populismo, los fantasmas y el deseo

Ahora bien, volvamos al populismo. Si conserva la capacidad para capturar los deseos y las demandas es porque advierte que la política no funciona de acuerdo a personas que siguen cálculos racionales en pos de su interés individual, sino valiéndose de “narrativas inconscientes organizadas alrededor de alguna metáfora central”. La idea (rápida y equivocada) de las masas sonámbulas, capturadas por los imaginarios de la prensa o los discursos oficiales, nos devuelve al problema de cómo funciona la ideología.

De alguna forma, “Contra la tentación del populismo” es un retorno al interrogante spinoziano: ¿por qué los seres humanos luchamos por nuestra esclavitud como si se tratara de nuestra salvación? Y desde esa posición, a la lectura de Deleuze y Guattari: “Cómo es posible que se llegue a gritar: ¡queremos más impuestos!, ¡menos pan! Como dice Reich, lo sorprendente no es que la gente robe, o que haga huelgas; lo sorprendente es que los hambrientos no roben siempre y que los explotados no estén siempre en huelga. ¿Por qué soportan los hombres desde siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de quererlas no sólo para los demás, sino también para sí mismos? Nunca Reich fue mejor pensador que cuando rehúsa invocar un desconocimiento o una ilusión de las masas para explicar el fascismo, y cuando pide una explicación a partir del deseo, en términos de deseo: no, las masas no fueron engañadas, ellas desearon el fascismo en determinado momento, en determinadas circunstancias, y esto es lo que precisa explicación, esta perversión del deseo gregario.”

Žižek asume que la decadencia de la izquierda está condensada en su negativa a participar en la disputa por la captura de estos deseos. Su repliegue a un “discurso racionalista moral” la deja afuera de la discusión sobre soluciones globales a los grandes cambios de la economía mundial. Para encarar este problema, Žižek se propone un giro hacia la idea de universalidad. Si en un extremo está la burocracia del Estado como clase universal de la sociedad (o, a nivel planetario, los Estados Unidos como policía mundial, encargado de garantizar la universalidad de los derechos humanos y la democracia), del otro lado debe haber una universalidad “encarnada en el elemento que se sale del orden existente y que, aunque es interno a ese orden, no tiene un lugar adecuado dentro de él”.

Para Žižek este elemento es la clase trabajadora que, como sujeto, puede ocupar una posición de lucha donde los contenidos particulares hegemonicen la forma vacía de lo universal, es decir, producir un combate entre dos formas específicas de universalidades. El autor de El sublime objeto de la ideología, genera una distinción entre clase trabajadora y proletariado, donde la primera es un grupo social concreto y la segunda una posición subjetiva. Esa posición es el elemento excedente que se sale del orden existente y es capaz de dar pelea.

Si repasamos el reproche que Laclau hace a Marx encontramos que la crítica de la economía política sería una “ciencia positiva óntica, que delimita una parte de la realidad sustancial, de modo que cualquier política emancipatoria que tenga sus fundamentos en la crítica de la economía política (en otras palabras, cualquier prerrogativa que se le otorgue a la lucha de clases) reduce lo político a un epifenómeno incrustado en la realidad sustancial”.

Lo que Žižek propone es recordar la “dimensión espectral” de la teoría marxista. El fantasma reside en el corazón mismo de la realidad económica. El Capital, como fuerza virtual, sigue una trayectoria que llega a su cumbre en la especulación y los contratos de futuro. No se trata de negar el carácter material de las relaciones sociales del capitalista. Al contrario, Žižek define la violencia del capitalismo como objetiva, sistémica y anónima: “Sería una simplificación excesiva proclamar que el espectro de este monstruo autogenerado que sigue su camino sin detenerse ante ningún reparo humano o medioambiental es un abstracción ideológica, y no deberíamos olvidar nunca que detrás de esta abstracción existen personas reales y objetos reales sobre cuyas capacidades y recursos productivos se basa, alimentándose cual parasito gigante, la circulación de capital”. Es la abstracción misma la que produce efectos materiales, es el especulador financiero el que es capaz de dejar en la ruina a franjas enteras de la población.

Retomando el marxismo fantasmagórico, la propuesta de Žižek es abandonar las posiciones defensivas, que sostiene el populismo, basándose en un rechazo a la agresión circunstancial de un contendiente. El desafío es generar nuevas formas de movilización política : “De modo que el populismo no sólo no es el espacio en el que deberían inscribirse los actuales proyectos emancipatorios; uno también tendría que avanzar un poco más y proponer como tarea principal para las políticas emancipatorias actuales, como problema de vida o muerte inclusive, la búsqueda de una forma de movilización política que, aun compartiendo con el populismo su crítica a la política institucionalizada, logre evitar la tentación populista”.



Link a crónica de Fisher: https://frieze.com/article/return-communism

 

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