Por GaboCuman.

Más allá de la ansiedad, del shock emocional y el esfuerzo lógico por un ticket suntuoso.  Algunas consideraciones acerca de la, probablemente, mejor presentación del año.

Festivales multitudinarios. Conciertos masivos. Recitales con decenas de miles de personas, cientos de miles a veces. Espacios donde se concierta poco y se recita menos. Lo que solemos conocer como “mainstream” nos tiene acostumbrados a lo espectacularizante, a lo previsible, pocas veces a lo comunicativo y menos a lo transformador.En ese marco alienante se presentó Radiohead en Buenos Aires, y confirmó por qué es el mejor grupo de rock de los últimos 20 años.

Permanecer y revolucionar suena paradójico. Así viene haciendo la banda inglesa oriunda de Abingdon, Oxfodrshire; que ofreció un concierto excelente el último 14 de abril en Tecnópolis, tocando un repertorio amplio y contundente. Vale decir: sin click ni sobre grabaciones, sin medias pistas ni pistas “casi enteras”, moneda corriente en los festivales actuales, donde muchas veces nos encontramos pagando una entrada carísima y el 50% o más del show “en vivo” está grabado, siendo espectadores de mitad show/mitad camelo (no solo pensemos en Guns N´ Roses… también pensemos en los mayores créditos locales, quizás en el mayor: adivine y gane). No se trata de que tocar con click o pistas sea sinónimo de lo vil, para nada. En el mejor de los casos, pueden operar como un elemento enriquecedor de la propuesta musical. Pero la mayoría de las veces que se usan es por el temor de las compañías discográficas o un enfoque grandilocuente de los productores o el rudimentario nivel musical de las bandas. Lejos de eso, arriesgares la zona de Radiohead, deslizarse por un entramado musical sinuoso, atravesando el rock-pop, la experimentación (notable Greenwood con su “buena crianza y Corrientes 4070” en The National Anthem), el minimalismo y la pura expresividad de la canción. Seis músicos brillantes en vivo (en muchos pasajes sólo cinco, ya que Clive Deamer, baterista que se les suma, no toca siempre), con un tremendo nivel de comunicación y sensibilidad. Radiohead se separa del resto, se apoya en la experiencia, crece en la reflexión.

Thom Yhorke estuvo en un altísimo nivel vocal y de excelente humor. Jonny Greenwood, enorme guitarrista nutrido de una corriente vanguardista, acaso única en el rock actual, que cruza a Steve Reich y Nusrat Fateh Ali Khan con la pisada cabal de un phaser envolvente. Una sección rítmica creativa y poderosa conformada por el concentradísimo Colin Greenwood en bajo (ejemplo bello de cómo un discurso usualmente postergado puede ser melódico y profundo a la vez) y los bateristas Phil Selway y Clive Deamer, que logran una llevada tan magistral como compleja en métricas sencillas que suenan irregulares y viceversa. Qué decir del gran Ed O´Brien, el vínculo, enlace fundamental del conjunto con sus guitarras y coros espaciales, percusiones y efectos, una suerte de Mascherano en el mejor momento. En breves ocasiones se les mueve un poco el suelo (a todos, no hablo de la sección rítmica), confirmando que son seres humanos, y por eso los queremos tanto más. Es parte de la apuesta creativa de tocar en vivo y sin metrónomo una música difícil, donde cada uno, muchas veces, está desarrollando células diferentes y complementarias.

No estallaron fuegos artificiales ni soltaron muñecos por el aire. Tampoco se pusieron la camiseta de la selección. Lo escénico fue elegantemente sobrio, acompañado por un trabajo lumínico impecable y una labor fílmica digna del video-arte, donde lo que se veía en cada una de las tres grandes pantallas no eran simples planos de lo que sucedía, sino creativos trabajos en tiempo real sobre cada composición. Otro detalle: la pausa necesaria entre canciones, la ausencia de lo frenético y, por suerte, la ausencia del popurrí. Cada tema es una zona y necesita su preparado. Un ímpetu diferente de lo vivo, que por mezquindad de los organizadores del evento fue difícil de apreciar para muchos, dada la baja altura del escenario y las pantallas. Mención especial a las típicas falencias en el ingreso y egreso del predio, estacionamiento imposible, baños atestados, cerveza demasiado cara y demás.

“Un toque tribunero”, escuché decir acerca del repertorio en Tecnópolis, en el fragor de algún debate inmediato, donde los concurrentes a Club Ciudad (2009) ofrecían sus recuerdos. Quizás valga recordarle a esos memoriosos que, en aquel momento, Radiohead vino a tocar In Rainbows, acaso su mejor disco, y ahora vino, sencillamente, en otro momento. De todos modos, con algunas variantes de su show previo (Santiago, Chile) y su show posterior (Bogotá, Colombia), el setlist porteño fue generoso, tocaron músicas de todos sus discos. Puede llamar la atención la ausencia de varias canciones de su último trabajo discográfico,A moon Shaped Pool, pero es acertada la decisión artística. El punto central se debe a la producción y postproducción de muchas músicas de éste álbum, donde participa fuertemente la London Contemporary Orchestra y su coro, dirigidos por Hugh Brunt, lo que dificulta llevarlas al vivo en un formato de seis.

En definitiva, presenciamos un show de gran magnitud tan prolijo en lo técnico como arriesgado en su apuesta artística, casi sin parangón en la escena musical de nuestra ciudad, plagada de presentaciones demagógicas y previsibles, que, encima, muchas veces suenan pésimo. Vuelvan pronto, muchachos, los esperamos. 

 

 

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Sobre Revista Intersecciones

Revista INTERSECCIONES es una publicación colaborativa porque se nutre de aportes y reflexiones diversas, de disciplinas y proveniencias heterogéneas con un horizonte común: aportar en la búsqueda de intersección entre todxs aquellxs que hoy pensamos que no hay recetas preconcebidas y que el camino hacia la superación de las múltiples opresiones está por construirse.