Por Helen Hester

(Traducción de Toni Navarro)

 

 

 

Texto publicado originalmente en Alembic. Editoras: Sarah Jury, Helen Kaplinsky y Lucy A. Sames. Primera edición de 200 ejemplares impresos con motivo del programa público Alembic en Res. Londres 2018. Publicado por Res. usando el ISBN público 978-1-908452-70-2 http://beingres.org/product/alembic/

 

Introducción

 Este ensayo busca examinar críticamente algunas de las estrategias (críticas, políticas y estéticas) implementadas por una generación previa de pensadoras feministas, y entender qué elementos de este activismo pueden ser efectivamente resignificados para hoy. Más específicamente, especula sobre qué puede ofrecer el ciberfeminismo de los años 90 -un “amplio abanico de teorías, debates y prácticas sobre la relación entre género y cultura digital” (Daniels, 2009: 102)- a los proyectos políticos emancipatorios del siglo XXI. Puesto que hay una pluralidad de desafíos genéricos específicamente asociados a “vivir en condiciones de virtualidad” (Hayles, 1999: 18) -desde el acoso sexual en las redes sociales a la privacidad y la protección de imágenes en línea- aún hay mucho que aprender del compromiso con el pensamiento ciberfeminista premilenial. Sin embargo, no sólo las condiciones tecnomateriales han cambiado considerablemente en los últimos veinte años, sino que las bases teóricas de algunas tentativas ciberfeministas parecen necesitar urgentemente una actualización. En lo que sigue, trataré de reconocer y desarrollar algunas importantes genealogías activistas, mientras apunto hacia algunas posibles vías para expandir y revisar este elemento de nuestra historia feminista.

 

A los 100 años de su asesinato

Michael Löwy

En enero de 1919 Rosa Luxemburg, fundadora del Partido Comunista Alemán (Liga Spartakus) fue asesinada por una unidad de los cuerpos francos, banda de oficiales y militares contrarrevolucionarios –futuro vivero del partido nazi- que fueron enviados a Berlín por el ministro socialdemócrata Gustav Noske para acabar con el levantamiento espartaquista.

Es, como Emiliano Zapata en ese mismo año, una "vencida de la historia". Pero su mensaje continúa vivo en lo que Walter Benjamin define como "la tradición de los oprimidos"; un mensaje a la vez, e inseparablemente, marxista, revolucionario y humanista. Tanto en lo que respecta a la crítica del capitalismo como sistema inhumano, su combate contra el militarismo, el colonialismo, el imperialismo, como en su visión de una sociedad emancipada y su utopía de un mundo sin explotación, sin alienación y sin fronteras, este humanismo comunista atraviesa como un hilo rojo el conjunto de sus escritos políticos y también su correspondencia, sus emotivas cartas desde la cárcel, leídas y releídas por sucesivas generaciones de jóvenes militantes del movimiento obrero.

En la perspectiva de una refundación comunista para el siglo XXI resaltaría de forma particular cuatro temas de su pensamiento: el internacionalismo, la concepción abierta de la historia, la importancia de la democracia en los procesos revolucionarios y su interés por las tradiciones comunistas pre-modernas.

 

Artículo publicado originalmente en vientosur el 22/12/18

Por Patrick Le Moal

 

En Francia vivimos una situación inédita: un impetuoso movimiento social, inventivo e incontrolable. In extremis, con esta movilización de los chalecos amarillos estamos festejando el 50º aniversario de las luchas de Mayo 68. Ahora bien, las características de su movilización muestran hasta qué punto las condiciones de la lucha de clases se han modificado a lo largo de estos 50 últimos años. Se trata de una conmoción, hemos entrado en el siglo XXI.

Este movimiento, que no lo impulsó ningún partido ni sindicato sino que emergió a partir de las redes sociales, con su dimensión nacional y su determinación ha desestabilizado la apisonadora neoliberal de la start up Macron.

Comenzó con la firma de una petición que se extendió como la pólvora a nivel nacional y obtuvo un apoyo masivo de la gente. Nada que ver con un trabajo paciente e incluso informal de las organizaciones sociales, para movilizar. Y una vez iniciado, no ha parado y se ha radicalizado con mucha rapidez.

 

Por Martín Mosquera y Facundo Nahuel Martín

Reactualizamos un debate que atraviesa a la izquierda popular desde 2015. ¿Qué horizonte estratégico y qué articulaciones tácticas es preciso construir para resistir al neoliberalismo y construir una alternativa de poder de las clases populares? ¿Bajo qué coordenadas vamos a formular los agrupamiento del período? Intentamos esbozar algunas coordenadas, entre la adaptación al retorno del peronismo como horizonte y la caída en el sectarismo.


Texto publicado originalmente en Batalla de Ideas en Diciembre de 2017

Hace no tantos años, la denominada “izquierda independiente” –marcada por las orientaciones basistas y autónomas dominantes en 2001- reivindicaba la construcción de “poder popular” y el trabajo de base como los fundamentos de su proyecto político, mientras que poco tenía para decir a la hora de pensar la disputa superestructural. Exhibía, además, serias dificultades para relacionarse de manera matizada y compleja con un fenómeno como el kirchnerismo, que es inequívocamente capitalista en su orientación global pero que también propulsó conquistas progresivas que le granjearon la adhesión de vastos sectores populares. La idea de “izquierda popular” que adopta ahora un conjunto de organizaciones políticas vino a cambiar los énfasis y reelaborar las líneas de construcción política: sin abandonar la creación de “poder popular”, ahora se otorga mayor centralidad a la capacidad para relacionarse de manera dialógica, porosa y productiva con los saberes y sentires populares. Se trataría entonces de construir una izquierda que no se regodee en la delimitación con respecto a las mayorías sociales, cultivando el matiz y la complejidad, tratando de empalmar con lo mejor de la experiencia real de la clase trabajadora. Esto significa también una izquierda capaz de metabolizar elementos de las identidades, los modos de hacer política y las trayectorias habidas por los sectores populares bajo la égida del peronismo.

Definir el propio proyecto como la construcción de una izquierda popular enraizada en las tradiciones y la vida de las clases subalternas tiene toda su pertinencia. Nuestro horizonte estratégico es la reconstrucción de la estrategia y el proyecto socialistas en un contexto de estabilidad relativa –aunque duradera- de las instituciones representativas. Hoy las crisis sociales y políticas no se desarrollan en completa exterioridad al Estado capitalista, por lo que las posiciones ocupadas en el plano de la representación son complementarias de la lucha social y el trabajo de base, además de resultar indispensables para plantear los problemas del poder, el enfrentamiento con la burguesía y la preparación de procesos de transición socialista. Buscamos construir una izquierda anticapitalista con capacidad de disputa y articulación hegemónica, que no milite para aislar a los sectores combativos y politizados del conjunto del movimiento popular, sino para ligarlos a él. En este marco, hacemos propia la crítica de la izquierda popular a las corrientes ultra-izquierdistas que priorizan su propia consistencia identitaria, ideológica y programática por sobre los largos procesos de reagrupamiento que se da la clase trabajadora con independencia de nuestro control. Entendemos que las izquierdas deben participar activamente de esos procesos, sin esconder sus banderas ni desdibujar sus identidades, pero acompañándolos de manera fraterna y franca.

 

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Sobre Revista Intersecciones

Revista INTERSECCIONES es una publicación colaborativa porque se nutre de aportes y reflexiones diversas, de disciplinas y proveniencias heterogéneas con un horizonte común: aportar en la búsqueda de intersección entre todxs aquellxs que hoy pensamos que no hay recetas preconcebidas y que el camino hacia la superación de las múltiples opresiones está por construirse.