Por Miguel Savransky

La semana pasada viajé por segunda vez a Cosquín para asistir al FICIC, el Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín, que en esta ocasión celebró su octava edición y año a año viene ganando terreno y notoriedad –bajo la sombra de popes mastodónticos como el BAFICI porteño y el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata– como uno de los espacios cinéfilos de encuentro, exhibición y discusión más importantes de todo el país. La particularidad distintiva del FICIC es, sin dudas, la coexistencia virtuosa de una línea de programación cuidada y exigente y un ambiente fraterno fruto de la escala no ampulosa y la frugalidad de placeres que depara una ciudad de provincia envuelta en las sierras como Cosquín, en la que los dos o tres cines o sitios de actividades están emplazados en un radio de cinco cuadras y los perros peregrinan a la deriva por todas partes (poblando cajeros automáticos y debiendo ser expulsados amablemente de las salas alguna que otra vez, una presencia ubicua que supo ser parte de la carne documental de Tres D de Rosendo Ruiz en su momento, un justo habitué de quien se pudo ver precisamente la reciente Casa propia). Contando con pocos recursos y una infraestructura comparativamente mucho más precaria, lo que permite que una instancia así salga adelante con tal esplendor es la calidez y pasión de todo el equipo de organización que se pone el festival al hombro. Este feliz concurso de circunstancias hace del FICIC el festival de cine más amoroso del país.

Entrevista con Daniel Bensaïd

No había pausa, era un torbellino permanente, y no teníamos ningún medio: la tinta, los mimeógrafos, la nafta nos llegaban a través de los camaradas belgas…

Había que comprender que lo esencial no dependía más de nosotros, y que nuestra responsabilidad era decir cosas sensatas en una situación sobre la cual no teníamos de dónde agarrarnos. Lo esencial de nuestra energía, lo consagramos a escuelas de formación cotidianas en la Sorbona, con un eco importante: ¡el gran anfiteatro lleno todos los días! Intuitivamente habíamos comprendido que lo importante era explicar dónde estaban los límites de la situación, en lugar de acompañar el apresuramiento hacia un impasse, o de compartir las responsabilidades con las grandes organizaciones, a falta de lo cual habríamos sido llevados por la oleada del reflujo, como le sucedió a la mayoría de los grupos. 

Por GaboCuman.

Más allá de la ansiedad, del shock emocional y el esfuerzo lógico por un ticket suntuoso.  Algunas consideraciones acerca de la, probablemente, mejor presentación del año.

por Antonio Gramsci

 ¿Somos marxistas? ¿Existen marxistas? Tú sola, estupidez, eres eterna. Esa cuestión resucitará probablemente estos días, con ocasión del centenario, y consumirá ríos de tinta y de estulticia. La vana cháchara y el bizantinismo son herencia inmarcesible de los hombres. Marx no ha escrito un credillo, no es un mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio. Su único imperativo categórico, su única norma es: "Proletarios de todo el mundo, uníos". Por tanto, la discriminación entre marxistas y no marxistas tendría que consistir en el deber de la organización y la propaganda, en el deber de organizarse y asociarse. Demasiado y demasiado poco: ¿quién no sería marxista?

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Sobre Revista Intersecciones

Revista INTERSECCIONES es una publicación colaborativa porque se nutre de aportes y reflexiones diversas, de disciplinas y proveniencias heterogéneas con un horizonte común: aportar en la búsqueda de intersección entre todxs aquellxs que hoy pensamos que no hay recetas preconcebidas y que el camino hacia la superación de las múltiples opresiones está por construirse.