por Jasper Bernes

Dos gigantes del pensamiento revolucionario pasaron de este mundo en 2018. A través de ellos, podemos vislumbrar las orillas distantes de una sociedad sin clases.

Aparecieron primero en Italia, luego en el Reino Unido, luego en los Estados Unidos: manifestantes enmascarados que portaban escudos pintados para parecerse a las portadas de los libros. A raíz de la crisis económica de 2008, mientras los políticos y administradores aumentaban las matrículas universitarias, los estudiantes llevaban estos escudos mientras ocupaban edificios y combatían a la policía en las calles. Había, ahora está claro, reglas para la selección de un buen título. Muchos nerds marxistas se rieron de la imagen ganadora de la Dialéctica negativa de Theodor Adorno golpeando sobre un policía antidisturbios con el bastón en alto. En este caso, el ingenio de las calles dio título a las acciones emprendidas por la multitud. Sin embargo, en otros casos, proporcionó un nombre para la multitud misma: aquí, The Unseen de Nanni Balestrini, y allí, Invisible Man de Ralph Ellison. Más allá del ingenio, un buen título debe ser radical y debe ser prominente.

Tener tu libro instalado en una biblioteca como esta, usado para repeler balas de goma y bastones de la policía, es probablemente una medida de importancia política tan importante como cualquier otra. Es por eso que, a principios de este año, después de escuchar la noticia de que Ursula LeGuin había muerto, pensé que la mejor manera de transmitir la importancia política de su trabajo fue compartir una foto de Oakland, tomada en octubre de 2011 durante una marcha organizada por el campamento Occupy, en la que la novela de LeGuin, Los disposeídos avanza junto a Los condenados de la tierra de Franz Fanon y Assata de Assata Shakur, dos libros radicales que he a menudo citado como formativos. LeGuin puede, creo, reclamar con seguridad a estos escritores como compañeros. Los desposeídos es la mayor novela utópica del siglo veinte, el pico más alto de una montaña de logros literarios.

por Emiliano Exposto y Gabriel Rodríguez Varela

Problema general. El proyecto teórico y práctico de la Crítica clínico-negativa se justifica sí, y sólo sí, logra contribuir a la reconstrucción intergeneracional de una crítica radical de la sociedad capitalista. A este respecto, atiende a la negatividad del sufrimientoi en vistas a reformular los términos mediante los cuales se plantea el problema general relativo a los obstáculos reales que inhiben la construcción colectiva de una modernidad post-capitalista en tanto proyecto civilizatorio.

Objeto. En función de un tal problema general, el proyecto de la Crítica clínico-negativa delimita como objeto de su intervención teórica y práctica al sufrimiento informado que aqueja, en carne propia, a un singular Yo capitalista en tanto que moderno.

Problema específico. La delimitación y postulación de su objeto de intervención teórico y práctico, esto es: el sufrimiento informado, en tanto síntoma paradigmático del campo afectivo en la modernidad capitalista, supone los desarrollos de la filosofía clínico-negativa relativos a una analítica materialista del sufrimiento capitalista. Una tal analítica escruta las condiciones histórico-materiales de producción del sufrimiento informado al examinar, en tanto problema filosófico especifico, la estructuración del nexo social en la moderna sociedad capitalista. En términos generales, la formulación de un tal problema atiende a las siguientes preguntas: ¿cómo se produce el sufrimiento informado en el capitalismo?, ¿cuáles son las condiciones históricamente específicas de producción material del sufrimiento informado que aqueja a los particulares? ¿Cuál es la relación históricamente determinada entre la lógica del Capital y el sufrimiento informado que aqueja a un singular Yo capitalista en tanto que moderno?

 Por Danielle Jardim

Traducción: Guillermina Huarte para Revista Intersecciones

Marx, al hablar de la “acumulación primitiva del capital” no aborda las expropiaciones sólo como algo necesario para la consolidación del capitalismo- relacionando la separación necesaria entre capital y trabajo que pone a disposición los medios de producción en manos de algunxs, dejando para muchxs sólo la venta de su fuerza de trabajo y el acceso al mercado como vía para la satisfacción de sus necesidades-, sino que también aborda las expropiaciones en escala creciente como un resultado de acumulación capitalista. La concentración de capitales estimula, necesita, depende de su reproducción cada vez en mayores proporciones, impulsando nuevas formas de expropiación y explotación de los seres humanos.

 

 

Martín Mosquera[1]

26/10/18

El fascismo está a las puertas del poder en Brasil, el gigante latinoamericano, la sexta economía mundial. Se trata, pues, de una conmoción de alcance internacional y, probablemente, de una inflexión en la historia brasileña y regional. La dinámica política inaugurada por los resultados del primer turno dio licencia a un gran despliegue de violencia social y política y presenciamos en estos días una sorprendente explosión de atentados y agresiones a personas LGTBI, mujeres, pobres, negros y simpatizantes del PT, por parte de seguidores de Bolsonaro. Como dijo Maud Chirio, especialista en historia brasileña, “asistimos en directo a la fascistización de Brasil”. Al borde del abismo, es necesario discutir sobre el peligro que enfrentamos para prepararnos para los combates que vienen.

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Sobre Revista Intersecciones

Revista INTERSECCIONES es una publicación colaborativa porque se nutre de aportes y reflexiones diversas, de disciplinas y proveniencias heterogéneas con un horizonte común: aportar en la búsqueda de intersección entre todxs aquellxs que hoy pensamos que no hay recetas preconcebidas y que el camino hacia la superación de las múltiples opresiones está por construirse.