• “El resultado del Frente Amplio ha desordenado el panorama político en Chile”

     

     

    Chile. Entrevista a Luis Thielemann

    Por Brais Fernández

    24/11/2017

     

    El pasado domingo 19 de noviembre se celebró la primera vuelta de las elecciones presidenciales chilenas. El candidato de la derecha, el ex presidente Sebastián Piñeira, ganó la primera vuelta con el 36 % de los votos. Disputará la segunda vuelta contra Alejandro Guiller, representante del centro-izquierda. Pero la gran sorpresa fue el resultado del Frente Amplio, una heterogenea coalición de izquierdas encabezada por Beatriz Sánchez. La candidata del Frente Amplio quedó en tercer lugar, obtuvo el 20 % de los votos (quedándose a 2 puntos de pasar a la segunda vuelta) y la coalición logró 18 diputados y 1 senador, algo inédito para una fuerza antineoliberal al margen de los partidos tradicionales.

     Entrevistamos a Luis Thielemann, historiador, militante de Izquierda Autónoma (una de las organizaciones con representación parlamentaria que componen el Frente Amplio), y forma parte del directorio de la Fundación Nodo XXI.

     ¿Qué balance haces del resultado de las elecciones chilenas?

     Primero que todo, es claro que el resultado, para cualquier observador, fue una total sorpresa. Aunque visto desde hoy hubo muchos signos que alertaban de la posibilidad de una elevada votación del Frente Amplio, lo cierto es que nadie creía posible superar la barrera de los dos dígitos, pues las encuestas daban en torno al 8 % y, bueno, la historia de la izquierda de las últimas tres décadas en Chile da cuenta de que nunca se había superado dicho límite. Además, el Frente Amplio fue a las elecciones sin incluir a la más grande –en historia, número de militantes y capacidad orgánica– de las fuerzas de izquierda del país, el Partido Comunista. En esa situación, el primer balance es la sorpresa.

     El segundo balance es el desorden político que ha generado en Chile. Si el Frente Amplio buscaba alterar la armonía en la correlación de fuerza central que predominó en Chile por casi tres décadas desde los años finales de la Dictadura, aún no lo ha logrado. Pero el domingo dio un gran paso en ese rumbo: instaló la incertidumbre electoral, no solo para la segunda vuelta, sino para varios años en Chile. De esta forma, el Frente Amplio pasó de ser un actor ninguneado por las fuerzas tradicionales de la política, a ser el tercer actor político de un sistema acostumbrado a solo dos jugadores. Y no es un tercer actor cualquiera, sino uno cuyo programa se basa en las grandes luchas sociales antineoliberales de las últimas décadas, lo que en sí es subversivo, pues coloca su centralidad en posiciones sociales ante una política muy ensimismada y blindada ante intereses de clase que no sean los del gran empresariado.

    Por último, fue una votación grata para el Frente Amplio, que fue acusado de elitismo por parte de la militancia comunista y socialista por su origen en campus universitarios y barrios de clase media. En los barrios más pobres de Santiago, la votación del Frente Amplio fue sorpresivamente alta, venciendo en varios casos al candidato de la Nueva Mayoría, Guillier. Esto demostró un trabajo de bases en las clases populares que tal vez por incipiente y poco espectacular, había sido invisible para muchos observadores, incluidos los de izquierda.

     

  • El proceso bolivariano y el debate estratégico en la izquierda

     

    I

    Las mayores personalidades históricas de la cultura socialista siempre han sido sensibles al carácter necesariamente original e irreductible de los grandes procesos políticos de masas. Antonio Gramsci sostenía, por caso, que la insurrección bolchevique había sido la revolución contra El Capital (de Marx), en la medida en que no respetaba sus previsiones históricas. Por su lado, el mismo Lenin, fiel a su estilo tajante, afirmaba: “Aquellos que esperan ver una revolución social ‘pura’ nunca vivirán para verla. Esas personas prestan un flaco servicio a la revolución al no comprender qué es una revolución”.

  • Estado, poder y socialismo en Venezuela: Algunos debates en la izquierda radical

     

    Copyright de l’image d’illustration: Photothèque Rouge, Manifestation en soutien à Chavez, Caracas (Venezuela), 2006/02/04, autor: Sébastien Ville 

    Por Jorge Orovitz Sanmartino [1]

    28 de marzo 2014

  • La izquierda después de Syriza

     

    Entrevista exclusiva con Antonis Davanellos, dirigente de Unidad Popular y de Izquierda Obrera Internacionalista (DEA)

    Por International Socialist Review

    Traducción de Valentín Huarte

    Hace menos de un año, en enero de 2015, Syriza (Coalición de la Izquierda Radical) asombró al mundo entero derrotando a los partidos burgueses tradicionales de Grecia y formando un nuevo gobierno basado en un programa para resistir y dar marcha atrás con el régimen de austeridad impuesto en 2010 por la infame Troika (FMI, BCE y CE).

  • Populismo y estrategia socialista en América latina. Por Jorge Sanmartino

     

    Pese a tener unos años, el siguiente texto  constituye una de las teorizaciones más logradas sobre el proceso bolivariano en curso, y, más en general, sobre las relaciones entre socialismo y populismo.  Se entrevé en él los términos de una estrategia socialista factible en el contexto de un fenómeno nacionalista radical – como el que caracteriza a Venezuela y, con menor profundidad, a Bolivia y Ecuador – que logre apartarse tanto del sectarismo infantil, como de la adaptación populista tan extendida en amplias capas de las nuevas vanguardias latinoamericanas.  Su autor, Jorge Orovitz Sanmartino, es sociólogo e integrante del EDI (Economista De Izquierdas).

  • Transformar el NO en un Frente Político

     

    Algunas lecciones para Syriza y cómo seguimos en adelante.

    Por Stathis Kouvelakis.

    Traducido del inglés por Valentín Huarte y Guido Spadavecchia para Democracia Socialista

    Todos los que se generaron esperanzas en las perspectivas de un gobierno de Syriza todavía se encuentran en un estado de “shock post traumático”, como Seraphim Seferiades acertadamente lo describió. El shock es atribuíble, en primera instancia, a la derrota de una estrategia política específica, pero la extensión de esta derrota, así como su carácter demoledor, es algo que trasciende por mucho a quienes se comprometieron, de un modo y otro, con esa estrategia.

  • Tras el 21D: Nueva fase, viejos retos

     

     

    Jaime Pastor

    El escenario que emerge tras el 21D no ha cambiado sustancialmente desde el punto de vista parlamentario, pero sí en cuanto al protagonismo creciente del poder judicial en la criminalización del independentismo. Sería un error de la izquierda de ámbito estatal, y de quienes se oponen a la desdemocratización y recentralización crecientes de este Estado, considerar que el conflicto que enfrenta a una mayoría de catalanes –ya que incluye no sólo a independentistas sino también a soberanistas- con el régimen les es ajeno. Están en juego también nuestras libertades y derechos individuales y colectivos.

    Muchos son ya los análisis publicados sobre los resultados de las elecciones del pasado 21 de diciembre en Catalunya, pero voy a partir de los de Martí Caussa y Josep María Antentas por coincidir con gran parte de sus diagnósticos y conclusiones 1/. El título del primero, “El independentismo resiste, pero sin clarificar la estrategia”, ya era bastante expresivo y en él se ponía el acento en la derrota política del artículo 155, pero también en que “el bloque unionista y partidario del 155 se ha hecho más fuerte y agresivo”; concluía aventurando mayor incertidumbre ante la nueva etapa tras el brusco final del ciclo anterior el pasado 27 de octubre. El segundo, a cierta distancia ya del 21D, entraba más en detalle sobre los factores que explicaban el “éxito de la operación Puigdemont” con su discurso legitimista, por un lado, y el ascenso de C’s como voto estratégico anti-independentista, pero a la vez “de orden y de miedo”, por otro. Constataba también la crisis del eslogan “un sol poble” para argumentar la necesidad de una reformulación estratégica frente al persistente cierre de filas del régimen que aspire a “ligar la agenda independentista a las políticas contra la austeridad y defender un proceso constituyente compatible con un destino independentista y uno confederal”.

    En efecto, pese a la aplicación completamente abusiva –y anticonstitucional, según buen número de expertos- del artículo 155  2/, al creciente acoso judicial(más de 60 causas abiertas, muchas de ellas por injustas acusaciones de delitos de rebelión, sedición y… odio) y al incesante anuncio de una mayor inestabilidad económica, la revalidación de la mayoría absoluta por el bloque independentista (a la que no son ajenas la memoria viva del ciclo transcurrido desde el 20S hasta las jornadas del 1 y el 3 de octubre y la represión desencadenada durante y después de las mismas) ha echado por tierra los planes del bloque mal llamado constitucionalista (más bien, jíbaroconstitucionalistas, como les califica el fiscal emérito Martín Pallín) y continúa poniendo de manifiesto la crisis de legitimidad del régimen y, sobre todo, del Estado autonómico en Catalunya.